La firma guatemalteca Solís Colomer, fundada en 2002,  siempre comprendió la práctica de la  profesión como un lenguaje con proyección universal, el resultado de un código armonioso entre cliente, ambiente y diseñador. 

Texto: Mariana Sáenz Mora || Fotografías: cortesía Solís Colomer

Fieles a lo auténtico, su trabajo se basa en el equilibrio, una unión indispensable entre las capacidades técnicas de su equipo, las relaciones comerciales, el criterio creativo bien orientado, el manejo eficiente de todos los recursos y la retroalimentación. Esta expresión ya puesta en práctica fue parte de la exposición “El impacto social de la arquitectura y el diseño” que  realizó el arquitecto  Mauricio Solís en la pasada VIII Bienal Iberoamericana de Diseño Interiorismo & Landscape 2016, CIDI, celebrada en Costa Rica.

La expresión de sus diseños conservan la pureza de la afluencia natural, con la que converge, filtra y de alguna manera se mimetiza sin perder identidad. Dentro de los puntos que expuso habló de la importancia de la calidad de la arquitectura, del propio desempeño en el medio actual y en cómo el camino hacia la comprensión ambiental y social se ve reflejado en su trabajo.

A partir del momento que un cliente se reúne con usted y su equipo expresando el deseo de realizar un proyecto, sea comercial o residencial, ¿cuáles factores evalúa y contempla para que el resultado sea asertivo con el entorno y la concepción que ya tiene el cliente?

En la firma tenemos un formulario técnico que en la primera reunión con el cliente llenamos juntos para obtener toda la información técnica del proyecto:  ubicación, cantidad y tipo de ambientes, cuestiones legales, terreno, etc.   Luego lo que más me interesa es buscar lo que no te dicen, el motivo real por el que desean hacer el proyecto.  Este es el motivo interior, el emocional.  Entender el significado emocional que el proyecto tiene sobre la persona.  Es aquí cuando la arquitectura pasa de elemental, por ejemplo proteger de los elementos naturales que es su función primaria, a otro nivel que lleva a las emociones que despierta en la persona, y es en este punto cuando la arquitectura se vuelve arte.

Hablemos de dos proyectos distintivos para su carrera y los desafíos que debió tomar en cada uno de ellos

El primer proyecto emblemático de mi carrera fue el edificio de la Alianza Francesa en la ciudad de Guatemala. Fue algo totalmente inesperado que sucedió a pocos meses de haberme graduado de la universidad, fue un concurso nacional donde participaron varios de los que fueron mis catedráticos, por lo que fue un gran honor lograr ganar.  Fue un proyecto muy importante para abrirme carrera y darme a conocer.    De los retos que al mismo tiempo fueron una gran lección, fue aprender a confiar en mí, ya que dude un poco si estaba capacitado para entrar al concurso,  si tenía ya una postura de diseño suficientemente definida para sobresalir, pero al final me animé, entramos y logramos ganar.  Una gran experiencia que nunca olvidare.

El otro proyecto emblemático fue McCafé Mesoamérica, el cliente quería una pequeña remodelación de las tiendas, y nosotros pensamos en reinventar por completo la idea de la comida rápida a un lugar de alto diseño, una cafetería con una personalidad única e irrepetible. Dándole al consumidor de una cadena exitosa el valor agregado de una experiencia única, memorable, que cuente una historia  y hable del lugar donde se encuentra. Y aunque no nos lo pidieron, lo propusimos, se logró vender el concepto y el cambio fue tan radical. Un gran éxito donde ganaron todos, la corporación, el usuario final. Haber revolucionado McCafé significó mucho se ganaron varios premios a nivel mundial y local, muchísimas publicaciones y un gran posicionamiento en este mercado de manera conjunta.

Este proyecto nos permitió posicionarnos a nivel comercial y el reto fue animarme aunque no me lo estaban pidiendo, a hacer algo totalmente diferente que era más de lo que ellos realmente esperaban.

“El arquitecto debe ser un profeta… un profeta en el verdadero sentido del término… Si no puede ver por lo menos diez años hacia adelante, no lo llamen arquitecto.” Dijo Wright en alguna ocasión.

¿Cuál es la fórmula en su firma para lograr ser arquitectos visionarios?

Para ser visionario creo que es necesario estar en contacto con el presente, las necesidades de hoy y entender la problemática actual para poder entender qué va a necesitar la gente más adelante.  Anticiparse al cambio que es urgente hacer, las cosas que ya no pueden sostenerse.   Poner mucha atención, estar muy reflexivo a lo que está pasando, entender los por qué y así pronosticar.

Me gusta trabajar con gente joven, que esté muy conectada con el mundo de hoy, me ayuda a entender.  Lo mismo pasa con personas de otros ambientes o industrias con otras estructuras mentales, que te ayudan a tener una visión más balanceada de la realidad.  El entender el pasado me ayuda mucho a pensar en el futuro y entender lo que pueda pasar.

¿Cómo resume el auge y desarrollo actual de la arquitectura en su país y en la región de Centro América?

Somos países con facultades de arquitectura muy jóvenes, la Facultad de Arquitectura de la Universidad de San Carlos en Guatemala, es la primera que se funda en Centro América en el año 1958. Ha pasado muy poco tiempo y pienso que hasta ahora empezamos a ver los frutos, ya hay generaciones de arquitectos que estudiaron con profesores graduados de facultades locales y que están haciendo buena arquitectura, antes los profesores eran egresados de universidades extranjeras, especialmente de Estados Unidos.  Por eso ahora creo que tenemos una sociedad mucho más educada en la arquitectura, Hay más conocimiento de lo que la arquitectura es y también hay mucha más gente talentosa allá afuera  haciendo cosas buenas.  Son los frutos de estas facultades de arquitectura, que año con año están produciendo más arquitectos, mejor preparados cada vez.  Veo con optimismo el futuro, mucha ilusión por las sorpresas que los arquitectos de Centroamérica van a ofrecer.

¿Qué implica para Mauricio innovar en el mundo de la arquitectura actual?

A mí no me interesa ser diferente como un fin.  Pensar diferente y que esto te lleve a resultados nuevos, es un común resultado del proceso de búsqueda de respuestas a los problemas, no que el objetivo por sí solo sea ser diferente.  La innovación debe ser una respuesta al resultado de una investigación profunda, no solo innovar por cambiar, sin que esto te lleve a una ganancia.  Cuando ves una arquitectura diferente, innovadora, que realmente tenga sustancia, donde hay un concepto y profundidad de ideas atrás; es porque hay un entendimiento al problema y una búsqueda autentica por resolverlo, no únicamente hacer algo diferente por ser incomparable, eso es un tema más social que me parece superfluo.

La buena arquitectura es arte, a diferencia de la construcción en general, en la medida en que transmite ideas.  El arte es un diálogo entre un artista y la persona que se enfrenta a la obra.  Este diálogo se da a través de un objeto o acción, que va cargado de la idea que el artista quiere transmitir,  quien la percibe intuye y reflexiona, allí es cuando hay un diálogo entre las dos partes y esto crea un nuevo conocimiento. Cuando hablamos de innovación hablamos de formas nuevas de transmitir ideas o de ideas nuevas que hay que transmitir.  Creo que una forma de innovar es producto también de una constante reflexión sobre la vida, porque hay un mensaje más profundo que transmitir.