Siempre nos viene bien hablar sobre el placer. Pues el placer es un estado que nos conecta con las sensaciones más hermosas, sublimes y trascendentes. Y como todo lo bueno, el placer marca y deja huellas que nos conducen a querer regresar a ese punto.

Texto: Alicia Zamora M.

Siendo infinitos los lugares y las experiencias placenteras que podríamos recordar y querer revivir; les insto a imaginarnos cuál, cómo, dónde… Vivimos una conexión especial con el arte visual que nos produjo sentimientos de reposo, inspiración, alegría, recuerdos e incluso admiración frente a su novedad. En este ejercicio, yo puedo recordar obras de arte que me han llegado a conmover hasta celebrarlo con lágrimas.

El arte visual ha demostrado ser históricamente una de las actividades humanas que sin proponérselo como objetivo, sino como recurso creativo inmanente a su naturaleza, a su esencia, ha aportado y sigue aportando a los sentidos las más ricas sensaciones tanto a quienes como artistas lo realizan, como a sus receptores. Es fácil pensar que se debe a su estética, pero ahí no acaba, pues no se puede sustraer de los contextos y condiciones que le dieron su origen para que tuviera sentido en el conjunto de cosmovisiones y relaciones socioculturales de donde emerge y desde donde se disfruta. De allí que desde la pintura rupestre y todo el arte que se va desarrollando a lo largo de las fases históricas de la humanidad; encontramos un sin número de arte asociado a expresiones placenteras. Placeres que tienen que ver desde la satisfacción de una actividad meramente nutricia y de sobrevivencia, hasta aquellas que involucran la sexualidad, el gusto por la decoración de sus cuerpos, de sus entornos, herramientas, utensilios, los manjares, viandas y bebidas, actividades recreativas (deportes, cacería), festejos (eventos sociales, rituales de paso, cambios de estación), reuniones familiares; e incluso, religiosas (celebraciones, rituales). Así como la admiración de los paisajes como escenarios para enmarcar acontecimientos o aquellos abiertos a múltiples representaciones de los artistas.

Escultura por Juan Manuel Sánchez

En nuestros países americanos los aborígenes nos dejaron un rico legado del arte asociado al aprecio por la naturaleza con toda su exuberancia y valor simbólico. También una sugerente imagen de una vida sexual que pareciera no quedarse sólo en la reproducción, sino como culto al goce -como bien puede observarse en colecciones de objetos precolombinos del Museo de Jade o del Museo Nacional de Costa Rica-.

Hay placer en el arte visual, también cuando nos transmite una propuesta conceptual, abstracta o técnica, que nos obliga casi sin darnos cuenta, a involucrarnos como protagonistas del encuentro del sentido de aquello que creímos no entender o rechazar ad portas.

Es a lo que suelo llamar el gustito de que te muevan las neuronas o la curiosidad, independientemente de que al final  guste o no. Requisito entender, que el arte no nació para ser entendido. Siempre será una representación que el artista abre como una ventana que invita a asomarse y disfrutar con los sentidos y si es el caso también con el intelecto.

Escultura por Leda Astorga

Igualmente encontramos expresiones del arte, que por su mensaje directo o su fácil lectura te llevan en forma inmediata a disfrutarlo. Tal es el caso de propuestas como las de la artista Leda Astorga que a través de su escultura, abre paso a manifestaciones jocosas, otras satíricas, cómicas por lo grotescas, sensuales, tiernas, eróticas e íntimas, de gestos lúdicos, del placer del ocio y una carga hedonista con un intrínseco mensaje social que a pesar de su humor, no oculta una crítica fina en la que vemos reflejados grupos sociales y por qué no, a uno como espectador. Obras de esta artista se pueden disfrutar en muchos espacios públicos como La Sabana, los jardines y aceras de la Universidad de Costa Rica, parques y otros lugares.

Recuerdo la delicia en la niñez, seguir Los cuentos de mi Tía Panchita de Carmen Lyra o de la Revista Bambi, a partir de los dibujos del artista Juan Manuel Sánchez que los ilustraban y completaban su magia. A la fecha, cuando me reencuentro con ellos, me evocan emociones y  hasta el olor de la impresión de esos libros.

Ilustración por Juan Manuel Sánchez

El artista Manuel Vargas con su escultura “La Chola” (imagen de una mujer de corte y atuendo popular, guanacasteca, de grandes protuberancias con un vestido, chancletas y moño), ubicada en la Avenida Central en San José, logra la atracción y alegría de muchos transeúntes; y pocos pueden evitar no tocarla, tanto por el disfrute de los volúmenes de su cuerpo, como por los poderes mágicos que en esa continua relación con la ciudadanía, le ha merecido el lugar sagrado de atraer la suerte. Interacción con la que se ha ganado su propia identidad además de la postura perfecta para que se fotografíen con frecuencia con ella.

Por su parte,  Gabriel Riggioni, decide retomar sus experiencias de la niñez en donde trae a  colación en una de sus series, la dulce mirada infantil de las vacas de la finca donde creció. Otras en la que los protagonistas de su arte son los juguetes que se salen con su tridimensionalidad de las pinturas: partes de Legos, figurillas de resina, cepillos de dientes, muñequitos, superhéroes y demás. Todo un mundo lúdico asociado a una infancia llena de naturaleza y creatividad que marca su vida, al punto de llevarlo a decidirse por el arte como profesión que le permite sacar lo mejor de su niño interior. Y así podríamos citar muchos artistas que en distintos momentos o como práctica frecuente, han querido proyectar con mayor o menor intencionalidad, sensaciones placenteras.

Collage por Gabriel Riggioni

La Arquitectura, El Paisajismo y el Interiorismo, también integran cada vez más el arte visual. De esta forma, observamos en proyectos urbanísticos, comerciales, estatales y de diferente índole; la presencia de esculturas, instalaciones, pinturas, fuentes y otros recursos artísticos alusivos al concepto de los lugares, de sus actividades o como centro de atención o de proyección cultural. No hay duda, que este arte llega a constituirse en muchos de estos sitios en un ícono, una forma de identificar dichos espacios y asociarlos con el placer de disfrutarlos.